Mostrando entradas con la etiqueta ayquécruzzzz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ayquécruzzzz. Mostrar todas las entradas

21 oct 2017

Esta guadaña está desafilada





- Tamara, cariño, te he traído un regalito. Se acerca Jalogüin y creo que deberías disfrazarte.
- ¿Más?
- Haz lo que puedas, ya sé que vivir en un mundo laboral tan competitivo conlleva eso.
- ¿Y qué me has traído?
- Lo que te mereces. Por el sudor de tu frente y las cenas de empresa derramadas.
- Habrá que celebrarlo, ¿no? El paquete es muy grande.
- Ya lo sé.
- Me refería al regalo.
- Yo también.
- ¿A ver? Hombre, en vez de papel de estraza, podrías haber usado otro menos cutre para envolverlo.
- Siempre tan agradecida.
- Pero, Salomón, ¿esto qué es? ¡Es una guadaña!
- Si cielo, es una guadaña. Creo que te identificarás con ella.
- Pero si fuera fucsia y con brillantitos, quedaría más kitsch. Yo no puedo salir con eso.
- Sí, mi amor, hace juego con el color de tu alma.
- Te pega más a ti, que hace juego con los botes de testosterona que te desayunas todos los días.
- ¿No aceptas el regalo?
- No acepto la muerte. Ya lo sabes. Sólo en los juegos online.
- Pues juguemos offline. Tú te disfrazas de ministro de hacienda y yo de trabajador con nómina.
- Pero si tú siempre has sido un mantenido, nunca has trabajado.
- Soñar es gratis.
- ¡Juguemos!



Foto arriba: Lhermitte, La Paye des moissonneurs (merece la pena hacer click en los enlaces y aumentar la imagen, ¡señores!)
Pintor-ilustrador-grabador, alabado por Van Gogh,  vídeo de Lhermitte https://www.youtube.com/watch?v=uk4wC-xx8vQ


30 ene 2017

Ese árbol morado



Ese.
¿Cuál?
Ese árbol morado.
Pero si está de otoño.
Sí, pero ya anuncia rasgos de primavera.
Oye, yo creo que está en plena caída de la hoja.
Ya, pero en la tele y por todos los wifis anuncian el fin de las rebajas, sólo quedan 2 días. Y eso lleva implícito el anuncio de un nuevo mundo, una nueva vida, una explosión de color y granos.
Pues yo lo que veo es un tronco mumoraíto.
Tú siempre pensando en falicidades.
¡Anda, anda!, venga, que te estás dejando una hoja por recoger ahí, a ver si pinchas bien que llevas el saco medio vacío. Luego te quejas de que en la oficina de empleo te segregan.
Bueno, y tú tienes el saco medio lleno, como el cartón donsimón, que lo ves todo negro.
No hija, morado.
Pasado mañana empieza febrero y tú quejándote, si con esa pinta no tienes que buscar disfraz de carnaval, majo.
Vale, niña primaveral. Miraré la buganvilla, pero la sigo viendo morada.
Y dale con las falicidades.
Pues eso.
Y tú más.



1 oct 2014

La enfermera y el motorista





          El motorista, que se ha dado una torta impresionante, ha tenido mucha suerte, sólo ha salido con excoriaciones y contusiones de todos los formatos, colores y dolores, pero está vivito y coleando. 

La enfermera de urgencias comienza a curarle con paciencia, parsimonia y dedicación exclusiva, avisándole "aquí te va a doler", "esto te va a escocer", "esto se te va a curar mal"...

Él es morito de toda la vida y ella rociera de toda la vida también.

Ella va con cariño dejándole limpio, pulcro, lleno de antisépticos, cremas y vendajes. Y le dice con su acento andalú gracioso y tierno "¡ay, corazón, si es que pareces un Cristo de Medinaceli!".
Se ríe a carcajadas, esparadrapo en ristre y mira de reojo a la médico y pide su opinión, "¿a que sí, doctora?, ¿a que se parece al Cristo de Madinaceli?". 

La médico mira sorprendida a la enfermera y a ese ecce homo, sin saber muy bien qué cara poner ante el mundo musulmán convocado en torno al paciente, pero se cachondea de la enfermera, alucinando por la comparación, y dice "sí, le falta la corona de espinas".
Él se ríe con ojos negros y pícaros. Aún no conoce muy bien el idioma y no comprende con exactitud todo lo que ellas dicen, pero su amigo se lo traduce y la enfermera le da todo lujo de detalles de lo que es un cristo de Medinaceli con todas sus heridas.

Los dos se ríen y se sonríen, cómplices de la conquista. 

A la hora de ponerle la vacuna antitetánica, él remolonea, está en Ramadán y no tiene muy claro si debe o no. La enfermera, jeringa en ristre, asertiva (y marimandona) como ella sola, le explica que es una inyección para evitar una enfermedad seria, que no se come y (con tono experto) que no va en contra del Corán.


El diálogo entre ellos es tan gracioso como interesante.
El amigo intérprete y la médico observan y escuchan divertidos.
La escena finaliza con un profundo gesto de agradecimiento por ambas partes, la enfermera por sentirse tan útil y 
él por la atención prestadaY hace mutis por el foro tan hermoso como sus vendajes.


Imagen: airgam boys

22 ene 2014

El ictiopondrio maldito


Nononononon, que estoy hartita de ir a la compra y que me den gato por liebre, como si yo fuera tonta, que ya sé que lo de mi alopecia hace pensar que tengo el cerebelo donde tendría que estar el cerebro, ¡pero no!, ¡no señor!, que a mí me dieron un premio en el colegio por inventar un sistema para que no chirríe la tiza en la pizarra, que estoy hasta las napias de que me gitaneen, que si yo he pedido anguila para cocinarla en su propia tinta, no sé por qué tienen que colarme ictiopondrios en la bolsa, que luego van y te lo ponen todo perdido. Pero es que el ictipopondrio que me dieron el otro día en el mercado de la Buena Vista era el colmo. Me dejó todo el sofá lleno de huellas de sus patitas y se comió la maceta de violetas africanas en 5 décimas de segundos, luego se tiró a la cisterna del WC y se puso a nadar con todo desparpajo, a sus anchas. Y mis amigos que iban a llegar en tres cuartos de hora y yo sin hacer la comida. Cacé o pesqué al bichejo, que la verdad es que ya no sé lo que hice, porque me obligó a correr por toda la casa, el portal, la portería, el patio de vecinos y el almacén de bicis, que ya iba boqueando él, buscando agua aunque fuera de estanque, y ya iba boqueando yo, porque me pesan los kilos, bueno y los años, porque no bebo agua mineral, pero al final cayó en mis redes, o mejor dicho en la espumadera y lo tiré a la sartén que ya estaba con el aceite humeando. Me dio un poco de pena el pobre animalejo, pero es que la comida de primeros viernes de mes con mis amigos es sagrada. Antes íbamos a hacer novenas.

6 nov 2013

Bicicuta



Bien. Creo que no es necesario aclarar que mi tipo dista bastante del de la chica de la foto, pero no mis intenciones. Necesito que el mundo sepa que un ser subido en una bicicleta es un ser/objeto tierno, frágil y perecedero. Sobre todo perecedero, porque lo cierto es que mis escarceos amorosos con mi bici han sido de peli de terror. De hecho la he bautizado con el dulce nombre de "Bicicuta", y no porque intente envenenarme, pero sí porque me consta de forma fehaciente que intenta asesinarme.
Y mira que voy yo mona con mi casco más grande que mi cabeza, aunque haya sido difícil encontrarlo, mis guantes para proteger mis manos, aunque no sean de seda, y mis lucecitas de pilas que avisan a los demás de que voy para allá y más vale que se quiten, ya que mi pericia pedalística aún está por demostrar.
Mi bici es pequeña, ligera, plegable, suave y juguetona como Platero cuando acariciaba con el hocico las florecillas gualda. Es de acústica algo dañina, porque emite un chirrido con uno de los frenos como si fuera el orgasmo de una ballena. No me deja pasar frío, me engaña dando imagen de escuálida figura ingrávida. Pero pesa, es densa, y en cuanto me descuido intenta tirarme del sillín sin ningún miramiento. No puedo sonreír a otros ciclistas que pasan, porque se pone nerviosa y me hace caballitos y me tira al suelo para que me dé un guarrazo.
Eso sí, se ha acurrucado en el maletero de mi coche, así, de ocupa metálica. Y en el fondo me da pena, no tengo corazón para desahuciarla.


foto: http://www.todohumor.com/humor/imagenes/paseodeunaciclistanudista/

4 nov 2013

Mi Santo Sky


No, no os riáis, porque todo esto es muy serio y muy trágico.
A ver, probando, probandooooo, ¿funciona bien el micrófono?... sólo quería decirte que pasar de hablar contigo a hablar con una dura lápida no es lo mismo. Es que no estoy segura de que los cipreses sean resistentes a todo esto, me acuerdo más de los robles, se parecen más a tí. No sé si quiero tampoco traerte una corona de flores, prefiero las malas hierbas, que siempre fueron tus compañeras.
Todavía te recuerdo con tus infusiones soltando discursos de sus beneficios, para lo que ya no tenía remedio. Me hace sonreír. Tu vehemencia hasta para morirte era digna de litros de literatura, o de aguardientes malos, no estoy segura. Mira que eras egoísta, siempre ocupando espacio, hasta me robaste aire, ¡mamón!, tu dificultad para respirar me dejaba boqueando, aunque también boqueaba como los peces cuando me robabas la respiración en esos colchones amorosos.
Mira que no dejarme incinerarte, sólo pude incinerarte en vida, mirándote a largo plazo. Y luego me dejaste con el deseo de la purificación del fuego.
Que no voy a seguir hablando contigo, te tengo castigado en un mundo que no sé  dónde está, mejor voy a seguir hablando con tu lápida, pétrea como tú.
Te recuerdo calvito, caquéxico y frágil, pero no había más que mirarte para comprender que eran puras pariencias. Lo de consumirte sólo se te daba bien cuando luchabas por ese mundo utópico en el que las personas aún no habían perdido toda su dignidad. O cuando tocabas el contrabajo, mirando a un suelo sin fronteras.
No os riáis, que voy a dejar una mosca, en vez de flores. Una vez me dijeron que las mocas tienen un genoma casi humano. No, si al final me transmutaré en libélula, a ver si ligo contigo otra vez en cualquier bar de libaciones happy hour.
Eres tan egoísta que hasta para morirte fuiste el primero.


14 ago 2013

Destaponante



Mi vecino Ramón no es exactamente mi tipo, tampoco yo el suyo, pero tiene una mezcla de olores a tabaco, semen y sudor, que me hace seguirle con la vista y el olfateo cuando pasa por el portal. Es de edad indefinida y eso seguramente se debe a su actividad extralaboral: su segunda profesión es "donante", desconocemos la profesión principal.
Es donante de sangre, de semen y de pelo para peluquerías,... bueno, el semen no lo entrega en las peluquerías, creo, me refería al pelo, para que hagan postizos y bisoñés con sus capilaridades.
Es un tipo generoso, con una sonrisa amplia en la que faltan dos muelas que donó a su abuela cuando ya no podía comer más que purés.
Se sabe que se pasa la vida investigando qué puede donar de su magnífica persona. Se ha donado a sí mismo a la ciencia para que, cuando se muera, aprovechen de él todo lo que sirva para perpetuarse en otros seres.
Dona piel para quemados y se siente algo frustrado por no poder donar óvulos, ¡lástima!
Ayer me enteré de que ha ido a visitar a un otorrinolaringólogo muy conocido por sus habilidades artísticas.

Nos consta que Ramón se ha hecho donante de tapones de cera de las orejas.
Con asombro se comenta en la comunidad. Pero nos hemos enterado de que Don Torrino le sacó a Ramón un inmenso tapón de cerumen con una deflagración, como para avisar a los bomberos y al cuerpo nacional de artilleros y policía judicial.
Y se sabe que el destino de ese cerumen de tapones de orejas generosas es para un banco de cera multicolor para fabricar exvotos.
Sí, sí, exvotos. Esos que cuelgan a modo de piececitos, manos y otros cuelgues de cera en una salita de algunas ermitas, mediante los cuales los fieles dan fe de haber recibido los favores solicitados a sus vírgenes y santos.
Voy a ver si me fabrican un exvoto con la cera de Ramón y así se acaban para siempre mis males de la higuera.


23 mar 2013

Peras con guisantes


Pues eso, que ya lo he dicho, que me he cambiado de desodorante para ver si las palabras no huyen de mí despavoridas y se avienen a formar significantes y significados legibles, gustables y paladeables.

Mientras tanto, me dedico a comer peras con guisantes en un nihilismo cerebral sin eco, porque las neuronas se me han ido de excursión al estómago y está difícil pensar sin emitir aires raros.

También ando en eso de reconvertirme en un ser social, mientras espero sin fumar, no es cuestión de empezar ahora que todo el mundo lo está dejando, mis vicios nunca han sido de este mundo, así que he vuelto a darme las mechas, a arreglarme las uñas y a usar la grúa para subirme en los zapatos de tacón, aprovechando que la dieta peraguisantera me ha dejado un aire de escultura de Giacometti.

Mira que insisto con intención e inquina, pero se me escapan los relatos como si fueran billetes de 500 euros a la puerta de un hogar de jubilados. No fraguan, no cuajan, no encajan, ni tan siquiera se quedan un ratito a conversar conmigo.

Huyen, mis palabras huyen, vuelan aviesas entre mi pelambrera un rato, descojonándose de mis delirios de escritora, y emigran a un limbo codificado del que no tengo descodificador, dejándome compungida como si me hubiera abandonado un novio cualquiera.

No les da la gana venir a buscarme ni en sueños, se han tomado una año sabático, que ya dura más de un año, y posiblemente estén coqueteando con algún informe pericial de algún juzgado o con los requiebros de algún tontaina que se la va a dar con queso a alguna princesa, o a lo mejor forman parte del discurso de algún prócer aún no procesado.

Voy a tener que hacerme unos implantes de peras y guisantes.


[Foto: Tomates de la Herencia en superficies pintadas, de Elena Ray para Shutterstock]

19 mar 2013

No me seas estorbito


¡Vale ya, Mikaela!
Haz el favor de centrarte y estarte quieta, que me tienes negro. Para, para la cabeza y deja de pensar.
Eres una petarda con tus letanías masoquistas buscándome las vueltas para que te mande a freír espárragos.
A veces pareces una niña malcriada berreando, pataleando y lloriqueando por una chorrada.
Estorbito, que eres un estorbito.
¡Anda, anda, vete a freír los puñeteros espárragos, ...y un rábano en salsa también!
Y cuando acabes, vuelves y me los traes, a ver si podemos compartirlos en paz y silencio, ¡leñe!
Que haces más ruido que un contenedor de vidrios rotos.
No me seas heteróclita, ni ojetera, que me estás buscando las cosquillas y lo vas a conseguir.
A veces te mordería, ¿eh?
Oooooooommmmmm


3 mar 2013

Mordisqueable




¡Me encantas!, dijo ella.
Y la galleta estuvo a punto de ablandarse. Pero resistió estoicamente con ojitos tiernos, con esos agujeritos hechos con amor y cariño en una base de sémola de trigo duro de alguna casa no pizzeril.
Las galletas, de todos es conocido, se nutren de leche de ubre ágil o paciente, según la época del año.
¡Me encantas!, eres mordisqueable, volvió a decir ella por enésima vez, dispuesta a hacerle una rinoplastia de un mordisco.
La galleta sintió el miedo profundo que uno siente ante los monstruos peludos.
Pero muy consciente de haber sido creada para fines de se sacrificio, se dejó comer.


Imagen: galletas únicas

1 nov 2012

Mi Santo Sky


No, no os riáis, porque todo esto es muy serio y muy trágico.
A ver, probando, probandooooo, ¿funciona bien el micrófono?... sólo quería decirte que pasar de hablar contigo a hablar con una dura lápida no es lo mismo. Es que no estoy segura de que los cipreses sean resistentes a todo esto, me acuerdo más de los robles, se parecen más a tí. No sé si quiero tampoco traerte una corona de flores, prefiero las malas hierbas, que siempre fueron tus compañeras.
Todavía te recuerdo con tus infusiones soltando discursos de sus beneficios, para lo que ya no tenía remedio. Me hace sonreír. Tu vehemencia hasta para morirte era digna de litros de literatura, o de aguardientes malos, no estoy segura. Mira que eras egoísta, siempre ocupando espacio, hasta me robaste aire, ¡mamón!, tu dificultad para respirar me dejaba boqueando, aunque también boqueaba como los peces cuando me robabas la respiración en esos colchones amorosos.
Mira que no dejarme incinerarte, sólo pude incinerarte en vida, mirándote a largo plazo. Y luego me dejaste con el deseo de la purificación del fuego.
Que no voy a seguir hablando contigo, te tengo castigado en un mundo que no sé  dónde está, mejor voy a seguir hablando con tu lápida, pétrea como tú.
Te recuerdo calvito, caquéxico y frágil, pero no había más que mirarte para comprender que eran puras pariencias. Lo de consumirte sólo se te daba bien cuando luchabas por ese mundo utópico en el que las personas aún no habían perdido toda su dignidad. O cuando tocabas el contrabajo, mirando a un suelo sin fronteras.
No os riáis, que voy a dejar una mosca, en vez de flores. Una vez me dijeron que las mocas tienen un genoma casi humano. No, si al final me transmutaré en libélula, a ver si ligo contigo otra vez en cualquier bar de libaciones happy hour.
Eres tan egoísta que hasta para morirte fuiste el primero.


12 sept 2012

El ictiopondrio maldito


Nononononon, que estoy hartita de ir a la compra y que me den gato por liebre, como si yo fuera tonta, que ya sé que lo de mi alopecia hace pensar que tengo el cerebelo donde tendría que estar el cerebro, ¡pero no!, ¡no señor!, que a mí me dieron un premio en el colegio por inventar un sistema para que no chirríe la tiza en la pizarra, que estoy hasta las napias de que me gitaneen, que si yo he pedido anguila para cocinarla en su propia tinta, no sé por qué tienen que colarme ictiopondrios en la bolsa, que luego van y te lo ponen todo perdido. Pero es que el ictipopondrio que me dieron el otro día en el mercado de la Buena Vista era el colmo. Me dejó todo el sofá lleno de huellas de sus patitas y se comió la maceta de violetas africanas en 5 décimas de segundos, luego se tiró a la cisterna del WC y se puso a nadar con todo desparpajo, a sus anchas. Y mis amigos que iban a llegar en tres cuartos de hora y yo sin hacer la comida. Cacé o pesqué al bichejo, que la verdad es que ya no sé lo que hice, porque me obligó a correr por toda la casa, el portal, la portería, el patio de vecinos y el almacén de bicis, que ya iba boqueando él, buscando agua aunque fuera de estanque, y ya iba boqueando yo, porque me pesan los kilos, bueno y los años, porque no bebo agua mineral, pero al final cayó en mis redes, o mejor dicho en la espumadera y lo tiré a la sartén que ya estaba con el aceite humeando. Me dio un poco de pena el pobre animalejo, pero es que la comida de primeros viernes de mes con mis amigos es sagrada. Antes íbamos a hacer novenas.

7 sept 2012

La cuidadora de cactus

Tres de picos pardos




La cuidadora de cactus, que era una cactus ella misma al fin y al cabo, llevaba una vida muy triste.
Con su hirsutismo le resultaba difícil besar sin pinchar y eso limitaba bastante su existencia. No es que no se pueda vivir sin besar, claro, todo el mundo lo sabe, pero se hace más insoportable y ella estaba decidida a cambiar su destino, su sino y a pensar en "a ver si atino".
Así que se tomó muchas hormonas amigas de la suavidad, la melosidad y la lampiñez.
Se pasó varios años yendo a hacerse láser, bueno el láser se lo aplicaba un médico encantador que era como su psicoanalista, mientras él asesinaba los pelos de ella sin piedad, la cuidadora de cactus le contaba su vida, y él daba un toque de humor a sus comentarios pensando en la longitud de onda y la frecuencia del láser que tenía que utilizar a modo de arma del crimen piloso. Ella sonreía con todos los dientes en una posición bastante ridícula, pero sintiéndose consolada, mientras iba siendo desparasitada de su lacra.
Cuando la cuidadora, después de quedarse sin cash, por fin se quedó sin pelos, bueno sin los que son políticamente incorrectos, decidió seducir a alguien.
Esa tarea ya fue más complicada, porque no tenía muy claro qué era lo que quería, sólo sabía que no sabía nada y le invadía una peligrosa noción de lo que no quería, tan limitante como su hirsutismo.
Así que se fabricó unas bragas de fantasía.
La mayoría de las mujeres interesantes llevan bragas con encaje o blonda, pero ella decidió ir más allá: cogió unas bragas del siglo XVII de antes de hincharse como una foca en la era de las patatas fritas y los colacaos, es decir, unas bragas de cuando era persona, cosió un espumillón en la cintura y un par de bolitas de Navidad en las caderas.
Estaba monissssma monissssma de la muerte.
Además había estado yendo a clases de la danza del vientre durante un par de años, claro, de todos es conocido que más que danza del vientre en la mayoría de los casos todo queda en danza de barriga o en un hulahop de mercadillo, pero ella estaba muy concienciada con la ilusión de que el mundo iba girando a sus pies mientras ella andaba dándole unas cuantas vueltas de tuerca a su cabeza, con riesgo de asfixia inminente.
Venciendo una timidez que estaba a punto de caramelo para romperse, salió de marcha con un par de amigas tan impresentables como ella:  la una cuidadora de maíz devorador de muesli macrobiótico y la otra cuidadora de vecinas.

La policía las está buscando a las tres.
No nos han querido hacer comentarios acerca de cuál fue el delito y cuáles fueron los hechos desencadenantes y concatenantes, ya que es un asunto bajo secreto de sumario, sólo se sabe que fue hallado el cuerpo del delito y que sólo era capaz de comunicarse con símbolos de runas célticas y que estaba empanado en una especie de alucine jamás visto antes en ningún medio de comunicación.

Los cactus de la cuidadora tienen sed y están quedándose sin pinchos, están a merced de cualquier depredador desalmado.
Amigos, os incito a que vengáis a rescatarlos.

http://ligadeamigosdeloscactusabandonados.org/

7 jul 2011

Médico de blanda mollera

Lo malo de trabajar aquí es que cuando he salido a mediodía el coche estaba a 43ºC y, como estaba cantao, se me ha reblandecido la mollera. No es que tuviera una mollera brillante, no, soy un médico de inteligencia dudosa, pero con las gafas que me compré hace 6 meses parezco premio nobel. Sé que soy feo de cojones,... mejor dicho, los cojones los tengo de una estética medianera, pero soy feo de jeta ya desde que nací, lo cual no ayuda a que se me abran las oportunidades en el casting de la vida.
Y el caso es que no sé qué me ha reblandecido más la mollera, si el calor (o la caló) o el psicótico que hoy me ha caído en gracia, como cada vez que comienzo a trabajar en un centro de salud. Y que digo yo que será por la ley de compensaciones: como cuando estaba en la residencia universitaria las novatadas que me hicieron fueron ligth, pues ahora me caen psicóticos cada vez que estreno trabajo.
Venía él con su metro noventa y sus bíceps del tamaño de mi cabeza con la sana intención de matar a alguien.
Tras largos y densos minutos de negociaciones con voz sofronizante para que aceptara dejarnos ponerle tratamiento, parecía que iba a acceder, pero alguna de las voces de su cabeza le debió de sugerir que agarrara por el cuello a la enfermera y de paso comenzara a golpearse la mollera (posiblemente más dura que la mía) contra la pared recién pintada, no sé si por solidaridad conmigo. Y digo yo que eso no se hace, porque nos ha costado varios años de pedirle a nuestros jefes que nos cubrieran el presupuesto de pintar paredes roñosas con hongos y grietas.
La enfermera no llegó a ponerse mu moraíta, pero en vista de que la pobre no dijo ni pío, la soltó como a un pollo lacio desplumado en la carnicería y se vino a por mí.
No, si yo ya sabía que estas gafas inteligentes me iban a dar problemas.
En vista de lo cual no tuve más remedio que arracancarme los botones, desgarrarme la camisa y enseñarle a mi amigo mi pecho tatuado.

En el hospital han tenido que llevarle a la UCI por shock emocional por susto. Ya, ya sé que el diagnóstico no es muy clínico, pero es que en estos momentos no encuentro el código del diagnóstico en el ordenador. Al fin y al cabo ya os he confesado que, aparte de feo de cojones, soy torpe congénito.
Os dejo una foto de cómo ha quedado de reblandecida mi mollera, en vez de los 40 principales voy a tener que poner en el coche el CD de la música de París-Texas.


Fibras del tálamo: http://refugioantiaereo.com/2009/11/100-anos-de-imagenes-del-cerebro

1 mar 2010

Croquetas de lorazepam

- Emeteria: te juro por mi madre bendita que de persistir en tu empeño en venir todos los días a la consulta, te voy a dar unas croquetas de lorazepam.
- Don Minganíllez, si es que me encuentro muy mal.
- No hija no, te lo voy a decir ya de una forma rotunda, definitiva y para que no haya dudas: tú no te encuentras, al único que encuentras es a mí, todos los días para ser más exactos, y siempre encuentras tiempo y energía, cosa que a mí ya no me queda, para desgastar mis higadillos con tu adicción a la melacolía y demás virilingües.
- No le entiendo, don Minga. Yo sólo necesito que usted me comprenda.
- Llevo años comprendiéndote, corazón.
- Eso que usted dice es injusto, porque yo me encuentro muy mal.
- ¡Qué novedad! ¿Has pensado en cambiar de médico?
- Sí, pero es que la doctora Verrúguez no habla, se queda mirándote y callada como un búho y no se sabe lo que piensa. Y el doctor Próstatez me dice que sí a todo, como los chinos, y no puedo discutir con él.
- Mira, Emeteria, yo ya lo he pensado largo y tendido, he perfeccionado una receta que nadie ha perpetrado jamás, ni en El Bulli: croquetas de lorazepam. Una tú, una yo, una tú, una yo... Nos las vamos comiendo en disamor y compañía. Ya he calculado la dosis/efecto.
- ¿Qué efecto?
- Pasaremos a los anales de la ciencia, Eme, es posible que incluso publiquen el experimento en el Brithis Medical Journal. Ya he estructurado el absctract.
- ¿Locuálo?
- El resumen del suceso, el enunciado de objetivos, material, método, discusión,...
Objetivos: que Emeteria pase a mejor gloria.
Material: las susodichas croquetas.
Método: si ella se come "ene croquetas elevado a x-7 multiplicado por los miligramos de lorazepam invertidos en la masa y dividido entre el nº de patas de las gallinas que pusieron los huevos para rebozarlas menos la masa específica del pan rallado", yo me tomo un Quitapenas para acompañar.
El resto está pendiente de llevar a cabo el estudio.
- Don Minganíllez, ¿usted ha bebido hoy?
- No, Eme, sólo te estoy pidiendo que contribuyas a un estudio científico para elevar el status de mi carrera profesional.
- Ah bueno, usted ya sabe que yo haría cualquier cosa para que le vaya bien. ¿Cuándo empezamos?
- Ahora, me he traído la fiambrera.


6 feb 2010

Peras con guisantes


Pues eso, que ya lo he dicho, que me he cambiado de desodorante para ver si las palabras no huyen de mí despavoridas y se avienen a formar significantes y significados legibles, gustables y paladeables.

Mientras tanto, me dedico a comer peras con guisantes en un nihilismo cerebral sin eco, porque las neuronas se me han ido de excursión al estómago y está difícil pensar sin emitir aires raros.

También ando en eso de reconvertirme en un ser social, mientras espero sin fumar, no es cuestión de empezar ahora que todo el mundo lo está dejando, mis vicios nunca han sido de este mundo, así que he vuelto a darme las mechas, a arreglarme las uñas y a usar la grúa para subirme en los zapatos de tacón, aprovechando que la dieta peraguisantera me ha dejado un aire de escultura de Giacometti.

Mira que insisto con intención e inquina, pero se me escapan los relatos como si fueran billetes de 500 euros a la puerta de un hogar de jubilados. No fraguan, no cuajan, no encajan, ni tan siquiera se quedan un ratito a conversar conmigo.

Huyen, mis palabras huyen, vuelan aviesas entre mi pelambrera un rato descojonándose de mis delirios de escritora y emigran a un limbo codificado, del que no tengo descodificador, dejándome compungida como si me hubiera abandonado un novio cualquiera.

No les da la gana venir a buscarme ni en sueños, se han tomado una año sabático, que ya dura más de un año, y posiblemente estén coqueteando con algún informe pericial de algún juzgado o con los requiebros de algún tontaina que se la va a dar con queso a alguna princesa, o a lo mejor forman parte del discurso de algún prócer aún no procesado.

Voy a tener que hacerme unos implantes de peras y guisantes.
[Foto: Tomates de la Herencia en superficies pintadas, de Elena Ray para Shutterstock]

28 mar 2009

He sido buena

Confieso que he sido buena. He intentado leerme "El Fuego" que es la continuación de "El Ocho", que tampoco logré terminar, en un intento de sentirme normal, ya que se "venden" entre los libros más leídos y más vendidos. Confieso, he sido buena. Tiene su valor, su buena voluntad, pero, confieso igualmente, anoche tuve que dejarlo en la página trescientosypico con la sensación de haber cumplido más que de sobra con mi intento de aproximación a los pareceres de otros mortales. Pero por poco me muero yo de aburrimiento en el intento.
No volverá a suceder.
Me voy un ratito castigada de rodillas con los brazos en cruz de cara a la pared, con varios volúmenes de El ocho y de El fuego en cada mano para no olvidar la experiencia.