16 ago. 2017

Eres un Tango




Eres como un tango.
No sé si sabes bailarlo, pero así me lo parece. Eres retorcido y complicado, con zancadillas y silencios duros por medio, pero igual de hermoso que ese baile que te hace volar.
Con esa elegancia de ojos de marinero que mira venir muchos barcos, me dejas escapar, pero sigues resonando en mis oídos, en mis curvas, en mis puentes.
Yo quise ser anguila, elástica y escurridiza, pero me quedé con una espalda de madera y un corazón de acero, fruto de educaciones un tanto victorianas y algo carmelitas.
Y con una espalda de madera no se puede seguir el dictado de un tanguero profesional.
No sé que piensas, no sé que sientes, o a lo mejor sí, pero no me lo creo.
Me duele no saber seguir tus envites, tus vaivenes y tus retos.
Se me sube la torpeza a la cabeza y me aturullo, y sólo cabe la huida.
Suspiro con ese anhelo de mar de verano.
Una huida con billete de vuelta.