27 jul. 2009

Mousse de lentejas


No, si es que las dos del mediodía no es buena hora para resolver problemas serios, una anda pensando ya en su mousse de lentejas sobre un lecho de humo de embutidos del país y lo de escuchar a los demás se hace pelín arduo. Bien está que me pase la mañana ajustando diabetes e hipertensiones en inglés, que para eso he desayunado mis patatas con torreznos, como mandan los cánones de la era prefranquista, pero a las dos de la tarde, el mareillo sólo me permite llegar a ciertos límites, los demás se piensan que es que tengo Alzheimer, pero mi yo íntimo sabe que es la añoranza de la mousse de lentejas. Como tengo un cupo cuyos nombres recuerdan a una lista de la ONU, me desgasto en un sinvivir de úlceras que me hablan en islandés, amigdalitis que me cuentan penas en marroquí, ambulancias que me atraen con susurros belgas, migrañas rumanas y muchas isquemias de aroma británico, que no falte de ná. Me he instalado un traductor simultáneo en la base del cráneo, me lo compré el otro día en el tres por dos de carrefour, junto con una cisterna de litros de paciencia y un desmareante sincronizado. También llevo a veces un escapulario con un trozo de reliquia de santa Miratorva de Achís, pero se me engancha con el fonendo, así que he optado por ir lo más sencilla posible, con lacara lavá, para entregarme en cuerpo y alma al amor de las muchedumbres. Pero que no venga nadie solicitar reducciones de mama ni aumentos de pene a última hora, porfaplis, que la rememoranza del humo de embutidos del país, el calabacín de faralaes y la dorada en barca de fresas, me vuelve loca y entonces me dedico a hacerles tactos rectales a los que vienen porque les ha salido un golondrino acusador en el mismísimo sobaco (más conocido como axila). A mí que me dejen, que tengo que reflexionar.
[Foto: Sebastian Kaulitzki para shutterstock]

25 jul. 2009

Zulo de flechas


Mira guapa no me mires con esa cara que delata el zulo de flechas que llevas dentro. Anda, haz el favor de no secuestrarme los sentidos, que como me los sigas mortificando te voy a tener que cantar una de Rocío Jurado.
Sé generosa y lánzame la flecha de la vista, pero no la que me ciega, sino la que engancha el ojo con el tacto, o mejor échame varias microflechas, dame una tapa de pinchitos de tacto, para que te los pueda ir clavando o me los claves tú a mí, que no sé lo que hago o digo, que esto de sentir por los sentidos lleva a muchas confusiones y luego se me dispara a mí la flecha de la lengua y la liamos. Bueno no, que la flecha de la lengua es tuya, esa que me entra por la orejilla, me produce picor y escalofríos y luego ardores en las antípodas, mientras tú te descojonas contemplando los efectos.
No sé si me entiendes, en realidad, mis metáforas siempre han sido algo oscuras, pero es que yo soy del bosque, ya te lo dije desde el principio, y tú de los limones del Caribe.
Venga, apunta y dispara, que cada día te pareces más a Guillermo Tell, y yo aquí todo emocionadito con el corazón en una manzana.
Déjame escapar a cambio de un rescate: Siempre mantendré silencio acerca del sabor de tu boca.

24 jul. 2009

Fantasgoritmos


Es que cuando hablas se me desmelenan fantasías en formas de logaritmos, o se me hacen las fantas gorgorismos en los cuellos, así que me he comprado un par de tapones para que me proteja la sordera, por no oírte haré lo que sea, he tardado muchos años en huir de tus halagos, de tus susurros y de tus parabras de saltimbanqui, bueno de la imaginación de tus palabras, porque tú huiste con mucho más de lo puesto en la época en que aún no se vendían dinosaurios en las tiendas de los chinos.

Si es necesario me tiro a la piscina, así buceando sólo oiré gorgoteos de olitas y el pitido de mis oídos, pero bien sabes cuánto me gustaría ahogarme contigo.

Mis fantasgoritmos me cuidan entre algodones para que pueda ascender a glorias supraurbanas, a veces sin oxígeno, porque respirando por branquias es muy fácil volar en medio de la hipoxia, como en un viaje espacial de cohetes a lunas de colorines.

Los cálculos de mis latidos me tienen entretenida, pero pero ya no te espero, porque para que se me pare el corazón ya existe otro mundo feliz, sin huxleys con pronósticos funestos, más bien con harleys de mentirijillas que me disparan hasta el infinito de mi ser y más allá.

Como ya sólo eres un fantasma, puedes seguir hablando, mientras yo hago con mi garganta fantasgoritmos.
[Foto: garganta de los infiernos. Fuente: dondeviajar.net]

18 jul. 2009

No hay marmotas

A Poldos

Andaba el buey de mar peludo en promíscuo jolgorio con la marmota, cuando tuvo que venir su padre, el buey mayor, calvo él para más señas, a interrumpir sus emisiones de oxitocina. Y es que no había manera de escapar a sus habilidades de rastreo, ¡ni que fuera un perro! De todas formas, ellos se las apañaron para escaquearse y escarcearse, amorosamente, se sobreentiende. Así que unas semanas lunares después, tuvieron marmotitas y bueyecitos, que se dedicaron a disparar con tirachinas a toda la vecindad. Verán ustedes, no es que yo sea especialmente cotilla, pero es que hay cosas que no se pueden tolerar. Y aquello ya estaba rozando el castaño oscuro. Así que me dispuse a sentarme a la puerta en la silla de anea, con mi bastidor, disimulando en un bordado manido mi ansiedad por atrapar a semejantes energúmenos y darles su merecido.
Pasó primero doña Marmótez del brazo de su adorado don Buéyez y seguían tan vergonzosamente acaramelados que ni cuenta se daban de los estragos de su prole.


Antes de ejercer mis derechos de ciudadanía, yo apelé a la sabiduría del buey mayor, calvo él, como ya se sabe, para ver si podía darles algún consejo o directamente con la vara verde. Pero, aparte del pelo, había perdido memoria y autoridad y me dijo que me fuera a paseo.


No tuve más remedio que dar paso a mis más íntimos deseos de venganza y saciar mi sed de justicia, ante tanta desidia.
Me hice una paella y un abrigo de pieles, con todo el dolor de mi corazón. Pero es que si hay algo que no soporto en esta vida es tan malísima educación.


Q.E.P.D.