3 oct. 2009

Incendio de ideas


Leyendo en sus ojos, se me viene abajo la valentía que da la pura fachada de locuacidad acelerada, y mirandole de refilón, sin palabras, andando a su lado, se me mueven los pies al paso militar del bombeo de su corazón. Hace calor. Me preocupa que algún honesto padre de familia pueda dar un grito, encarando mi busto y haciendo mirar hacia otro lado a su hijo. Sé que antes pude evitar la evidencia cambiando constantemente el vuelo de mi camisa, como un pájaro de alas maltrechas. Me preocupa que se note que desprendo electricidad y calor. Flamear. Me siento la antorcha humana cruzando el semáforo, y todo ocurre tan rápido y tan lento que el segundo en el que rozo sus labios vuelve a ser calor que derrite y enerva, que hubiera congelado y mantenido, que aún ahora despierta la alarma de fuego en el edificio. Me muevo inquieta en mi asiento, intentado evitar que el fuego se propague. Puede que tenga que mandar a un retén a que lo apague. Aunque sea a mano.