28 jun. 2009

Hablando de vainillas


Elena, que te tengo dicho que como te sigas poniendo ese perfume con olor a flan te voy a mordisquear cualquier día, que cuando haces tartas de cumpleaños para los niños con la vainilla del supermercado me pones nervioso, tenso, como un galgo en posición de haber encontrado a la presa, en posición de caza, que cuando te traigo flores y buscas con avidez los estambres para empolvarte con ellos, se te ruborizan las mejillas y ya estamos liados otra vez, porque la cara de vainilla con la que me miras es peligrosa.


Creo que tú no has pensado seriamente en las consecuencias de tu candidez, niña, yo no puedo mantenerme firme ahí tan serio y quietecito, mientras tú te embadurnas en la ducha con ese gel que te regaló tu tía cuando vino de Nueva Zelanda, de vainilla, por supuesto. Aquí va a haber una guerra de pétalos, o de capullos, me parece que vamos a tener que recurrir a las violetas, que agotan menos.