15 dic. 2013

El lento calentamiento cojoncial




- Ese no es tu hombre biológico - le dijo un amigo, secándole las lágrimas con paciencia.
Marisa puso cara de niño gateando, con tijeras en ristre, que descubre un enchufe en el que encajan las dos puntas.
- ¿Y qué es el hombre biológico? - preguntó, temiéndose la respuesta.
-  El que te levanta las hormonas.
- Aaaah - ...es que no se le ocurrió ningún comentario más inteligente.
Está claro, la culpa la tiene la pituitaria. La nariz. El olfato. El que conecta con el estado cerebral "taxi disponible".
Su hombre biológico probablemente era más de retina,  de lo visual, del ojo abyecto... más de grafismos y audiovisuales. Pero a ella le gustaba desmarcarse para dar la lata y era algo cansina. De serie.
- Ya está, aquí no huele a feromonas y no hay remedio, ¿es eso? - dijo ella.
Y su consejero espiritual, con olor a arroz blanco cocido y yoga del puro, asintió con la cabeza.
- Vaya. Por eso encajo con Cristóbal y no con Alfredo, con Fernando y no con Luis, con Miguel y no con Ángel, ¿no?
- ¡Paaaaaara, mooozaaa!, ¿a dónde vas?, no hay tantos hombres biológicos.
- ¿Ah, no? - dijo la aprendiza, con cara de comprender que meter las tijeras en el enchufe quema - Vale, si tú lo dices, te creo, pero lo que yo pienso no siempre es lo que creo.
- Nena, Ernesto te la está pegando, y a tí te encandila porque su cerebro privilegiado le ha llevado a ser el presidente de la Liga de Antifaces de Cartón Couché. Ya lo dijo Mr. Wilde, llamarse Ernesto es fundamental en esta vida.
- Aaaah - insistió Marisa con su comentario literario de alto standing.- pero me estoy liando, ¿no íbamos a tomarnos unas cervezas para hablar sobre  el futuro del tantra occidental?
- No, corazón, tú sabes perfectamente que el aroma del lúpulo te puede desorientar.


Foto:Mandrágora: http://www.mind-surf.net/drogas/mandragora.htm