18 ago. 2012

Maraña de moños de guardia



Si me levanto con los moños enmarañados, ten cuidado conmigo, puedes guardar silencio para siempre o hablarme a través de tu abogado.
¿Es que no te ha explicado nadie que las 6 de la mañana no es una hora muy apta para relaciones sociales?
Anda , dale a tu twitter o a tu whatsapp y déjame desemarañarme.
Ten paciencia.
Cuando veas que se me aplacan las iras y se me aplanan las cejas, puedes comenzar a reírte de mí. Pero no antes. Aún estoy digiriendo el desastre de emocionalidad desatada en la última guardia. Todavía me como las lágrimas y estoy entrenándome para reconstruir mis escudos. ¿O crees que voy a salir a la calle tierna como una ostra sin perla ni concha?
Acompáñame, quédate, no te vayas. Ni soy de hierro ni soy de hormigón, pero tengo que poner manos a la obra.
No puedo desmoñarme en banalidades si antes no he dejado atrás el censo de muertes, agresiones y enfermedades que me arrasaron ayer. Me dejaron, triste y transparente.
Mírame si quieres, mientras amanso mi pelo y lo disciplino hasta formar un moño italiano de médica antigua. Dame las horquillas. Dame un respiro. Dame un beso.