14 ago. 2011

Currycanela

Es que me hace mucha gracia cuando te veo con la barba de 3 días y ese delantal de faralaes, con volantes a lunares rojos y blancos, haciendo potingues en la cocina. Me apoyo en el quicio de la puerta, medio escondida detrás del mueble de la nevera, y te veo faenar como un marinero en medio de purés y caldos. Pero más encanto te encuentro cuando te da por el currycanela. Tú vas envolviendo el pollo en aromas hindúes y yo voy mordisqueando tus carnecillas de pollo tierno.
Nos falta un hervor.
Hueles rico, no sé si comerme el plato que estás preparando, porque me gustas más tú y luego no me quedaría sitio.
Se te ha caído una cuchara pringosa al suelo y al agacharte a recogerla se te ve el culete regordoncho como tus mofletes y me da más risa aún.
No cantes, por favor, lo de cantar cocinando se te da peor que cuando haces coros con la radio mientras te duchas. Es perjudicial para la salud de los que te adoramos.
Vuelvo a mordisquearte la espalda entre las paletillas y me amenazas con dejarme a agua y lechuga.
Nos sigue faltando un hervor.
Así que, con el olor a curry y canela elevándome entre humos y vapores, me subo al trampolín y me tiro a la olla.